Hay quien ama. Hay quien no.
Hay quien yerra. Hay quien no.
Porque el amor viene en partes suficientes
para constituir un error.
Hay quien se engaña y quien no,
porque el engaño viene con un beso
y es aquel culpable que me palpa
en sus labios, que atrapa mi alma
y me deja en tu recuerdo preso.
Luego de ti no hay escape.
Cuando pases dejarás estelas de tu presencia.
Tu aroma hará una almohada de rosas en mi mente.
Aparecerás silente en mis sueños,
sonreirás a veces y me mostrarás
que estamos viejos para un sueño.
Me mostrarás que a estas alturas lo práctico es lo bueno
y debemos vivir con lo que tenemos
que es a veces (que son todas las veces) solo tu recuerdo.
Hay quien te espera. Quien no.
Vamos a vivir varias vidas, aunque sean solo sueños.
Hoy en día, viviremos tristemente la osadía
de querer cumplir nuestros sueños
pero estos mastodontes de vientos
no son más que una triste utopía
No estamos acá para soñar mucho,
me refiero hay (en serio) una realidad
de la que nunca nos podremos librar
ni escapar ni siquiera un segundo.
Viviremos creando vanas fantasías
fantasías que creemos poder vivir todavía
pero nunca podremos estar más que en un error
Viviremos despojados de la felicidad que tanto buscamos
en este mundo de desastres y desencantos
con tanta soledad parece un yerro la ilusión.
Si hubieramos regresado al día en que nos conocimos,
yo creo que sería un poco más imbécil, un poco más cínico.
No te hubiese sonreído. Hubiere utilizado a la indiferencia
como un suave arma de tortura de tanto que nos quisimos.
Hubiera cometido todos los errores que hubiere podido.
Hablar sin sentimiento. No dejar que las palabras naveguen
errantes, ni dejar que en ese vaivén se envuelvan las almas.
Desearía regresar al momento en que hubiere evadido
el paraíso. Pero ¿Por qué? Porque no estábamos preparados.
Porque luego de probada la felicidad el mundo se desinfla.
Nada nunca importa más, sino únicamente tu compañía.
Vamos preparando un adiós. Uno sin poses ni estrados
uno sincero ínfimo, íntimo, fugaz. Como el viento.
Hemos decidido. Será un divorcio en silencio.
Tuve un desencuentro contigo alguna vez
Te olvidaste. Me miraste. Sonreiste.
La magia duró un par de segundos
Pero reposa infinitamente en mi memoria
donde te has extendido peligrosamente.
Parece que fueras de otra época
Sin poses. Libre. Inclaudicable. Espléndida.
Te vas alejando sin mí.
Vas desapareciendo, inclaudicable,
del mismo azar en el que apareciste
ya te vas acabando en el amar
el mismo al cual nunca perteneciste…
Pues amada mía he derrochado tanto amor
por tan poca y liviana atención.
Me disculpo.
Me disculpo infinitamente.
Porque soy un tipo errático e inestable.
Me disculpo por conocernos,
porque he sido fugaz y mis pasiones son enérgicas y soñadoras.
Porque he nacido con el grave defecto de creer
que existe el amor en cada mujer que conozco,
como si fuera un efecto inherente e instantáneo
como una cualidad de la vista o un defecto de la razón.
Una ilusión que se ha ido desvaneciendo con el tiempo.
Porque fui queriendo creer que podíamos ser algo.
Porque soy un eufórico, un apresurado.
Un trastornado que alucina vidas contigo.
Porque he vivido alucinando un encuentro con la mujer de mi vida
y creí encontrarla en ti, o la encontré… o simplemente no lo sé.
Me disculpo por mis erráticas huídas
por mi perecederos recuerdo
que algún día has de olvidar.
Te pido disculpas por quererte como si ya nos conociéramos,
pero yo ya te conocía antes de encontrarte.
Siempre estuviste ahí, solo que nunca nos vimos
o todavía no te he visto y quizá solo sea el adiós a otro ser accidental del tiempo.
Te quiero y no. Te espero y no.
Estas… y ausente.
Creo que no soñaré con tus cabellos enredadera de ilusiones
pozo profuso de inmensidades y desencantos…
tu recuerdo me evoca cualidades de mí que desconocía,
pues he aprendido a perdonar el tiempo,
he aprendido a olvidarlo.
Otra vez tengo ganas de ti, pero me conformará la realidad
una triste ilusión averiguando si se puede soñar
a sabiendas de que no regresarás
a este pútreo mar de calamidades
que prefiero llamar vida mía.
